jueves, 25 de mayo de 2017

Viaje a las fuentes del cante de Antonio Mairena (II) Los tangos de Faíco

Por Pepa Sánchez


Faíco (Detalle de la fotografía del bailaor trianero publicada en el libro "Las Confesiones de Antonio Mairena")
"Recuerdo la primera vez que salí cantando en presencia de otras personas. Fue en una fiesta gitana familiar. Hasta entonces ni mis padres me habían oído. Esto fue hacia el año 1920 y en una fiesta que se organizó con motivo de la estancia del bailaor Faíco en Mairena. Faíco, que era de Triana y se llamaba Francisco Mendoza, había estado en Rusia, donde le cogió la Primera Guerra Mundial, y creo que se tuvo que quedar allí hasta que acabó la contienda. Cuando volvió a España traía con él una gitana rusa, con la que se había casado. En sus buenos tiempos, Faíco fue uno de los grandes puntales del baile gitano.
MAIRENA, Antonio. " Las confesiones de Antonio Mairena (1ª ed., Secretariado de Ediciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 1976. Pág. 51)

Como hija de un ilustre trianero y como amante del flamenco del arrabal sevillano, me ha tocado rememorar brevemente uno de los sustratos de los que nuestro homenajeado se nutre, a tempranisima edad, para cantar por tangos. Y en concreto, me corresponde traer al presente aquella fiesta gitana celebrada aquí, hacia 1920, en la que Antonio Mairena cantó por primera vez públicamente, sentado en las faldas de su madre, nada más y nada menos que al baile del gran Faíco. Se dice que lo entonces interpretó fueron unos tangos que Pastora Imperio popularizó en aquella época.

La pronta conexión del maestro mairenero con el universo flamenco trianero nos la desvelaba él mismo en sus memorias. Dejó escrito que su tía Pilar, que era buñolera, estaba casada con El Moreno, hermano de Faíco y de Baldomero, todos hijos de una gitana de Triana llamada Josefa Ríos y apodada La Guaracha.

Nos cuenta Rafael Pareja, que la madre de El Faíco era a su vez sobrina de un puntal en el cante trianero, el Tío Martín de Triana, y como buena trianera, fue especialista en seguiriyas, soleares y, por supuesto, en tangos.

Ese rumboso sobrenombre, La Guaracha, apunta con gran probabilidad –como bien pueden imaginar- hacia esa notable herencia negroide afroamericana que atesora desde antaño el trianero, y en especial, el gitano de Triana desde que El Muelle del arrabal se convierte en Puerto principal de Indias

Déjenme añadir, volviendo a la figura del gran Faíco, por si aún quedara algún resquicio de duda del legado “afroandaluz”, que -según las pesquisas de Ángel Vela- el insigne bailaor fue a su vez primo y compañero de escenarios de otro extraordinario bailaor gitano de Triana, llamado Manuel Ríos y apodado nada más y nada menos que Mojigongo

Antonio Mairena bebió y admiró esa herencia sandunguera de los gitanos trianeros; una herencia que fue materializándose poco a poco en contacto directo con la etnia de ascendencia africana presente en el arrabal y que culminó en el siglo XX con los que hoy se pueden englobar bajo el epígrafe de “Los Flamencos Trianeros de la Fiesta” o incluso mejor, “Los últimos de la Fiesta” como muy bien definió, en 1987, el espectáculo organizado por José Luis Ortiz Nuevo, en un intento de capturar el genio de la creación en acto. 

Antonio Mairena admiró a esos gitanos que sufrieron la diáspora de los años 60 del siglo pasado y fueron más tarde “rescatados” por la memoria flamenca. Les hablo de Juan El Tumba y su hijo, El Mani de Triana; de Manolito el de Aguasantas (padre de Curro Vélez); de Tragapanes; de El Bengala y su hija Amparo; de El Pati y su mujer Pastora La del Pati; de El Maera y su célebre esposa Esperanza la del Maera. Les hablo de Los Titis de Triana, rama gloriosa de los Cagancho (Titi el Viejo, el Titi de Triana y Carmen la del Titi), Los Filigrana de Triana (Pepa la Calzona y Manolo…), El Pioja, El Herejía, El Coco… entre tantos otros gitanos depositarios indirectos de aquellas danzas prohibidas que tanto solicitaban las señoras de las fiestas privadas de alta alcurnia. Ellos son los últimos de la cadena en la transmisión de una mezcla de ditirambos, danzas tribales, rituales de cortejo y apareamiento, sandunga y son.

Unos gitanos abiertamente receptivos a la negociación cultural y a la hibridación. Al gitano trianero no le gusta poner naftalina en los cajones para preservar intacto un tesoro que nadie disfruta. Lo saca a la calle para que lo oree la brisa que trae su Guadalquivir; una brisa cargada del aroma de otras tierras lejanas y exóticas.


Esta es, sin duda, una de las fuentes del cante de Antonio Mairena, y aunque no llegó a registrar mucha variedad de tangos trianeros, todos sabemos a ciencia cierta cuánto admiraba esta escuela flamenca. Tampoco llegó a registrar aquellos tangos que le cantara al gran Faíco. Hoy sólo contamos con una adaptación por bulerías en la voz del genial Camarón de la Isla, donde sentenciaba aquello de “Soy grande por ser gitano, yo no negaba mi ley por vida”.

Pepa Sánchez ilustrando a la concurrencia con su interesante disertación sobre los tangos trianeros, Faíco y Mairena (Fotografía de José Cenizo)
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Nota de LRI. El recorrido que, a las Fuentes del Cante de Antonio Mairena, hicimos el pasado sábado 13 de mayo, se inició (en lo que a estilos se refiere) con el recuerdo de los tangos trianeros que bailaba el genial Faíco a principios del pasado siglo. A él fue a quien el maestro de los Alcores cantó por primera vez en su vida en público.

En un corralón de vecinos cerca de la Alameda donde se celebraba el Festival anual de Mairena, Pepa Sánchez Garrido (hija del gran cantaor Naranjito de Triana) nos deleitó con el texto que acabamos de reproducir. Para remate de ese mágico momento, José el Pañero, cantó y bailó por tangos, con la guitarra de Rubén Lara, como solo saben cantar, bailar y tocar los flamencos puros y con personalidad.

Palabra y cante y baile y toque -en homenaje a Triana- que fueron arte puro y puro arte. 

Tangos de Triana. José el Pañero y Rubén Lara. Cante, baile y toque, flamenquísimos (Fotografía de Carmelo Camino Camino) 


Bibliografía recomendada

SÁNCHEZ GARRIDO, Pepa "Cantes y cantaores de Triana (1ª Ed, Sevilla, Bienal de Sevilla, 2004)

Para conocer en profundidad el acervo flamenco de tonás, seguiriyas y soleares, acumulado en ese genial y flamenquísimo barrio sevillano de Triana.  resulta imprescindible la lectura del libro de la propia Pepa Sánchez, "Cantes y Cantaores de Triana". Uno de los mejores textos que sobre repertorio de cantes he leído en mi vida de aficionado. No sólo se recopilan, en esta obra, todas las variantes estilísticas de los palos citados, destripadas y desmenuzadas, sino que estas se agrupan y ordenan con el mejor criterio posible. Un libro que, a fuer de ilustrativo es, por eso, sumamente didáctico y que permite tanto al aficionado como al meramente curioso, adentrarse con solvencia en esa frondosa selva de los cantes trianeros más jondos.




Un libro imprescindible en cualquier biblioteca flamenca

Addenda cantaora, bailaora y tocaora. 

Todo recorrido o acercamiento al cante carece de sentido sin el cante mismo. Por eso, lo mejor es finalizar este post con esos tangos trianeros que, ilustrados por Pepa Sánchez, nos regalaron, el pasado sábado 13 de mayo, José el Pañero y Rubén Lara. Para los tres nuestro infinito agradecimiento.


lunes, 22 de mayo de 2017

"Tercio de Quites". Una gran tertulia taurina y cordobesa

Por Antonio Luis Aguilera

En Córdoba, en la explanada de la Plaza de toros, antes de salir hacia la finca de Jacinto Ortega para asistir el pasado sábado a un tentadero de su ganadería. Una ganadería rara avis en el actual panorama ganadero pues tiene puro abolengo veragueño (el más puro según los estudios de la Unión sobre el ADN). En el grupo -buen grupo- nos acompaña también, otro amigo nuestro y de la Tertulia, el joven y gran aficionado mexicano Manolo David Castillo (Fotografía de José Luis Cuevas)

NOTA de LRI
: Confieso que esto de las asociaciones siempre me ha traído un poco al pairo y es que, a lo largo de mi vida, he preferido andar por libre antes que tener que marcar el paso al compás de un grupo cualquiera y es que, lo de las Asociaciones, Comités, Sindicatos, Partidos, etc. siempre me ha parecido más una forma de medrar o figurar que de involucrarse en causas que merezcan la pena.

Sin embargo, es evidente que no se puede aplicar el mismo rasero a todos estos grupos. Quizás por eso, últimamente uno ha acabado por implicarse con varios de ellos pero es que, como digo, no es lo mismo aprovechar y utilizar a los que nos rodean para defender intereses personales indefendibles o inconfesables. que luchar por fomentar o difundir la fiesta o, más sencillamente, reunirse  con los amigos para pasar un rato hablando de toros o de flamenco.

De este último tipo, el del grupo de amigos que se reúnen de vez en cuando sin más interés que hablar de su afición común (los toros en este caso), es un buen ejemplo la tertulia taurina cordobesa "Tercio de Quites", con la que compartimos el pasado sábado -en la casa ganadera de Rodolfo, Jacinto y Cristina- una jornada entrañable e inolvidable.

Decía el Selu: "Mis amigos van a hacer fiesta en la Peña/Mis amigos van a hacer una excursión/Mis amigos van a hacer arroz en el campo/Y van a hacer jornada de mus y dominó"... Pues eso


Tertulia "Tercio de Quites" (Córdoba)

Por Antonio Luis Aguilera

Treinta y dos años han pasado desde que unos aficionados decidieron agruparse para empaparse de los conocimientos y experiencias de quienes de verdad pueden enseñar con autoridad de la materia: los profesionales del toreo. Así nació “Tercio de Quites”, con la filosofía que retrata Alberto Cortéz en su canción “Qué suerte he tenido de nacer”, donde tras este verso dice: ...para callar cuando habla el que más sabe, aprender a escuchar, esa es la clave, si se tienen intenciones de saber. Así, propiciando un clima de respeto y admiración hacía los invitados, conscientes de que se trataban de unos privilegiados cuando alguien les acompañaba, semana tras semana con formato de año académico, han transcurrido más de tres décadas hablando del toreo y compartiendo experiencias únicas en torno del toro bravo.

Ganaderos, toreros, apoderados, empresarios, veterinarios, médicos, profesores de Universidad, mozos de espada, banderilleros, ponedores de torerillos incipìentes, críticos, aficionados... Por Tercio de Quites fueron pasando muchos que tenían cosas que decir sobre este mundo, para compartir experiencias, narrar biografías, desvelar sueños e inquietudes... Para dialogar y ofrecer otros puntos de vista que permiten conocer a fondo el toreo, descubrir perfiles en los que difícilmente pueden reparar los aficionados sin el testimonio de quienes dedicaron sus vidas a la Fiesta, cuyas palabras hilvanaron y tejieron reuniones únicas e inolvidables. 

Un gran matador de toros y miembro del grupo fue José María Martorell, el maestro que tras la tragedia de Linares fue capaz de abrirse paso hasta llegar a figura del toreo. Algo que se parecía imposible en aquella Córdoba hundida taurinamente cuando en 1949 recibió la alternativa. Contaba con enorme cariño el maestro que un atardecer, siendo adolescente, después de un tentadero celebrado en las Cuevas de Altázar, donde había dado unos pases en calidad de aficionado, Manolete, que había dirigido la tienta, lo reconoció al verlo sentado en la gradilla de la puerta de su casa, en San Cayetano, y le dijo dos palabras que jamás olvidaría: ¡Adiós, torero! Sólo el destino sabía la trascendencia de lo que Manuel Rodríguez estaba diciendo. ¿Imagináis –recordaba, José María- lo que significó para mí que ese monstruo me llamara torero

Fue tanto el cariño de Tercio de Quites por el maestro, que a su muerte la tertulia instauró el trofeo que lleva su nombre e imagen, obra magistral de los hermanos García Rueda, que colaboraron desinteresadamente en el proyecto. No es el único premio que otorga el grupo, pues anualmente regala un capote de brega al becerrista que destaca en los festejos de promoción celebrados en Los Califas o la provincia de Córdoba. 

Durante estos años varias han sido las sedes de la Tertulia, encontrándose actualmente en la taurina Taberna “San Cristóbal”, en el barrio de Ciudad Jardín, donde los lunes se sigue rindiendo culto al toreo.  

Interior de la Taberna San Cristóbal, donde tiene su sede, los lunes, la Tertulia "Tercio de Quites". La foto corresponde al día del mes de noviembre en el que recorrimos Córdoba de la mano de Antonio Luis Aguilera y Rafael Sánchez, evocando la memoria de Manolete (Foto José Luis Cuevas).
Nota LRI: A título de curiosidad insertamos a continuación, el listado (que también me facilita Antonio Luis Aguilera) de los premios anuales concedidos por la Tertulia en sus años de existencia (premio "José María Martorell") y también el listado de los becerristas, premiados con el capote de brega que la Tertulia regala cada año al más destacado del año en Córdoba y provincia.





No reproduzco la lista de invitados a la Tertulia porque alcanzan, en estos 32 años de existencia, la altísima cifra de 200. Por la Tertulia, han pasado representantes de todos los estamentos taurinos. Un plantel impresionante.


En la ganadería de Jacinto Ortega quien, junto a su mujer Cristina, acoge todos los años con mucho afecto a los miembros de la Tertulia (y este año también a nosotros), pudimos disfrutar de un tentadero inolvidable viendo torear -con la muleta planchá- al matador Juan Ortega. Un torero de gran y buen estilo (Fotografía de José Luís Cuevas)
Enlace al blog Puerta de los Califas de José Luis Cuevas con algunas imágenes más del tentadero.

jueves, 18 de mayo de 2017

La Fiesta necesita Presidentes con fundamento

Por Jose Morente

En el cuarto de la tarde el Fandi puso un tercer par doble pero aunque estuvo sensacional le negaron la oreja. Ya es la segunda vez (la primera fue Sevilla) en la que  desde un palco sin fundamento se niega al Fandi un trofeo más que merecido.(Fotografía agencia EFE)

Pareaba el Fandi a uno de sus toros. Por un extraño del burel o un error de cálculo del torero se quedó este con un palo en la mano. Era el tercer par. Haciendo uso de un derecho inveterado y tradicional solicitó del Palco permiso para colocar otro par. El Usía lo denegó.

Así lo cuenta Barquerito:
Era su única tarde en el abono de Madrid. De ella se llevará un recuerdo amargo: la manera humillante en que el palco le negó su derecho a prender al primero de la tarde un cuarto par para compensar el haberse quedado en la mano con uno de los palos del tercero. En el brindis preceptivo al presidente, El Fandi hizo una reverencia bufa. La vergüenza torera. De ella hizo alarde la tarde entera. 
Sin embargo, desde el punto de vista reglamentario, el Presidente tenía razón. El apartado 1 del artículo 76 del Reglamento vigente (el nacional) establece que:
Ordenado por el Presidente el cambio de tercio. se procederá a banderillear a la res colocándole no menos de dos ni mas de tres pares de bənderillas.
El artículo es más que discutible pues contradice la tradición taurina en la materia que permite a los espadas decidir cuando cambiar el tercio. En efecto, el reglamento de 1962 (mucho más racional y tradicional en este tema) no estipulaba el número de pares mínimos o máximos, los que quedaban a potestad del Presidente, salvo cuando el tercio lo protagonizaba el matador o matadores, en cuyo caso la suerte se daba por terminada cuando el espada de turno lo decidiera (art. 101 "in fine" del reglamento de 1962)

Pero una cosa son los reglamentos y otra la aplicación de los mismos. Y la realidad es que, la falta de sensibilidad y sentido común de muchos Presidentes a la hora de aplicar el Reglamento, resulta palpable y evidente. Sentarse en el Palco (o en el Tendido, tanto da) con una idea estereotipada sobre como se aplica un Reglamento o sobre las calidades o cualidades de toros y toreros es, además de un despropósito, una flagrante injusticia. Siempre se ha dicho que ir a la plaza con la faena hecha es de malos toreros. Ir a la plaza con esos prejuicios es -añadimos- de malos aficionados.

Puede que ese sea parte del problema. Que en los Palcos no siempre se sientan buenos aficionados. A veces, ni siquiera se sientan aficionados, ya sean buenos o malos.

En Madrid, hay un proyecto para hacer posible que los Presidentes de las corridas sean eso, aficionados pues hoy sólo pueden desempeñar esa función los funcionarios del cuerpo de policía.

No niego que puedan existir policías que unan, a su profesión, conocimiento de las cosas del toreo. Pero una cosa no tiene nada que ver con la otra. Ser funcionario de policía, como ser arquitecto, bombero o electricista, no garantiza que se tengan depurados conocimientos en materia taurino.

Presidir una corrida no es sólo un ejercicio de autoridad. Al contrario, pues la autoridad está para otras cosas, sino un ejercicio de conocimiento de la historia del toreo y de sus tradiciones, un ejercicio de sensibilidad y de responsabilidad.

Necesitamos Presidentes con rigor y seriedad pero que extremen el respeto a los toreros y a los públicos. A los primeros porque se juegan la vida y a los segundos porque son los que sostienen económicamente el espectáculo.

La Fiesta necesita Presidentes con fundamento.

El Presidente, Javier Cano Seijo negando al Fandi, con gesto hosco, la posibilidad de poner un cuarto par

miércoles, 17 de mayo de 2017

Los tópicos (I) Las vías del tren

Por Jose Morente




Dibujo de Portada del libro de Julio de Urrutia "Toreo paralelo" donde desarrolla y critica el toreo al hilo utilizando el tópico de las vías del tren. Hay tópicos taurinos que llevan demasiado tiempo circulando entre los aficionados lo que explica que estén tan arraigados y hayan acabado convertidos en dogmas de fe.
Uno de los tópicos, de los errores más frecuentes sobre el comportamiento del toro (y, que por tanto nos aleja de entender cabalmente el toreo) es el de suponer que el toro es un animal que va siempre por su carril y que, por tanto, el torero que se pone en ese supuesto camino (las vías del tren le llaman) y lo hace descarrilar es un valiente y un héroe mientras que el torero que se pone fuera de esas hipotéticas vías (fuera de cacho le dicen) es un ventajista y un cobarde.

Nada más lejos de la realidad pues, resulta que el toro no es un animal que, una vez puesto en suerte, embista ciegamente y con absoluta rectitud sino que, al contrario y por tratarse de un animal hipersensible al movimiento (responde al más leve toque), embiste y se desplaza en función de los movimientos del enemigo.

Los toreros aprovechan esa condición del animal, igual que los niños jugando al pilla-pilla o que el recortador que recorta al toro en la carrera y le marca  a este una dirección para tomar enseguida la contraria.

Es también, el mismo mecanismo que se utiliza en el quiebro, donde basta desplazar la pierna y el cuerpo hacia un lado para, recuperando al instante la posición, conseguir salir airoso de la suerte. El toro se desplaza hacia donde se le marca la salida y luego, por pura inercia, es incapaz de rectificar.

Adelantar la pierna de salida en los lances de capa y muleta (lo que algunos llaman cargar la suerte) es, en realidad, utilizar el mismo mecanismo que en el quiebro: señalar al toro un punto donde el torero no llegará. Solo que en este caso, el diestro no tiene que recuperar la posición inicial pues, al utilizar el engaño, el toro centra y ceba en el su acometida.

Como bien decía Manolete, ese ardid no deja de ser una ventaja que se toma el diestro. 

Una ventaja necesaria -añadiría yo- cuando se practica el toreo cambiado (cuando al toro se le cita por un lado y se le da salida por el otro) porque, en ese caso, se precisa acentuar el desplazamiento con ayuda de la pierna, pero es una ventaja excesiva cuando se torea al natural (cuando al toro se da salida en la muleta por el mismo lado por el que se cita) porque ahí el diestro puede y debe contar solo con sus brazos y no ayudarse con las piernas.

Meterse en las vías del tren (cruzarse al pitón contrario) no es más heroico que mantenerse al hilo, al rafe de los pitones. Al contrario, aunque resulta aconsejable en el toreo cambiado es, en realidad y pese a lo que pueda parecer, un ardid defensivo para ir señalando la salida al toro.

El mérito, lo heroico, es torear bien, ya sea adelantando la pierna de salida en el toreo cambiado o situándose al hilo en el toreo natural. 

Torear bien -se toree como se toree- es lo más complicado y lo más meritorio


Es un contrasentido que se califique de poco meritoria y poco arriesgada, la forma de torear de los toreros más valientes y arriesgados que en la historia del toreo han sido. En la imagen, Manolete toreando al natural con la derecha a un toro de Miura en Sevilla. ¿Fuera de cacho? ¡Vamos, anda!

martes, 16 de mayo de 2017

In memoriam. Joselito el Gallo (Una furtiva lágrima)

A los 97 años de la muerte el 16 de mayo de 1920, del mejor de los toreros, Joselito el Gallo, escuchamos en su memoria "una furtiva lágrima" de Enrico Caruso.


lunes, 15 de mayo de 2017

¡Maldigo esta Fiesta!

Por Jose Morente

La historia del toreo está jalonada de broncas épicas y tremendas trifulcas. Por ellas, y no por el trato a los animales, podemos calificar de cruel al público de los toros. Cientos de años de civilización deberían servir para que el personal reflexionase y los comportamientos cambiasen.  Lo que antes podía ser motivo de diversión, hoy no es admisible (En la imagen, de Julián López-Mundotoro, David Mora -con la dignidad del héroe caído- contempla impotente el transcurso del tiempo)
Cuando en Sevilla sacaron a saludar a Morante después de que, tras una gran faena, le hubieran echado un toro al corral por transcurrir el tiempo reglamentario, hubo algunos aficionados (demasiados, para mi gusto) que se indignaron y consiguieron que ardieran las redes sociales. No podían entender la benévola (y, sin embargo, justa) actitud del público sevillano. Ellos querían sangre.

Es el mismo planteamiento de aquellos otros aficionados madrileños que se levantaron contra Antonio Ferrera hace unos años en una corrida de Victorino en Madrid, cuando este torero pretendía apuntillar a un toro que había destrozada la rodilla y la carrera profesional del tercero de su cuadrilla en funciones de puntillero.

Y es el mismo planteamiento de quienes, hace muy pocos días y también en Madrid, pedían (con una desmesurada saña y exagerada indignación) que sonara el tercer aviso para David Mora por su desacierto con el descabello. Excesivo rigor con un torero que sólo estaba fracasando en una suerte menor.

Y es que, como bien dice Carlos Ruiz Villasuso en Mundotoro:
"Donde el fracaso no nos basta. No sólo no admitimos que sea el otro lado del éxito, algo pueril, pues el día y la noche siempre se besan a compás de todos los números de los calendarios, sino que sólo nos sirve la derrota. Somos hoy esos que la derrota del otro nos hace más grandes. No el fracaso. Esa forma de pedir la hora de pie, puño en alto, las venas de los cuellos iracundas y las gargantas en graderío de coliseo y el alma desbordando calificativos de paredón. Somos esos que no hacemos prisioneros. Somos la batalla al grito de no hay cuartel. No nos sirve la belleza triste y de luto de pena del fracaso. Sólo nos vale la derrota. Y de ella preferimos la que termina con la humillación".
Esos deshumanizados e insolidarios espectadores de hoy, capaces de empatizar antes con los animales que con las personas, son, a fuer de animalistas encubiertos, (in)dignos herederos de aquellos otros que hace casi justo 100 años, increparon e intentaron agredir a Gallito y Belmonte, a cuenta de una corrida de Murube que, por la glosopeda o por lo que fuese, salió cayéndose. Era el 15 de mayo de 1920. Al día siguiente Joselito se encontró con su destino en Talavera.

Energúmenos de ahora, émulos de aquellos otros energúmenos de antes que prepararon el Gólgota para el mejor de los toreros.

Si esta Fiesta (la del rigor mezquino y la malévola saña) es la Fiesta que predican algunos... ¡Maldita sea esta Fiesta! 

Madrid. 15 de mayo de 1920. Un mulillero contempla filósofo, antes del arrastre, a uno de los toros de esa tristemente famosa corrida. Han pasado 100 años y seguimos igual.

domingo, 14 de mayo de 2017

Viaje a las fuentes del cante de Antonio Mairena (I)

Por Jose Morente



Con un formato similar a aquel con el que, hace ya cinco años, Antonio Pineda y yo, organizamos en Sevilla la Evocación a Joselito el Gallo en el Centenario de su alternativa (Ver Tras las huellas de Joselito I y Tras las huellas de Joselito II), Ramón Soler, flamante nuevo Presidente de la Fundación Antonio Mairena, ha conseguido congregar a un grupo de aficionados, cantaores, guitarristas y estudiosos del flamenco para evocar la figura de ese otro gran maestro gitano que se llamó don Antonio Mairena.

El itinerario, cuidadosamente diseñado y la categoría de los participantes que han acudido desinteresadamente al llamamiento de Ramón, han propiciado que este fin de semana se pudiera vivir en Mairena, intensamente y en un clima extraordinario, el recuerdo del Maestro de los Alcores y el de su defensa y puesta en valor de lo que es y significa el cante gitano-andaluz y el arte flamenco en general.

Algo necesario pues, con Antonio Mairena ocurre lo mismo que con Joselito el Gallo, y es que, pese al generalizado reconocimiento a la obra de estos dos grandes genios, todavía no se les ha dado a ninguno de ellos, el sitio y lugar que realmente merecen en sus respectivos artes.

Pero todo se andará pues el tiempo, que es sabio, acaba poniendo a cada uno en su lugar. En el lugar que le corresponde.

En ese loable y justo empeño, se encuadraba la doble jornada de este fin de semana. Doble jornada que comenzaba el viernes por la noche, con la presentación del acto y con la actuación en la Casa del Arte Antonio Mairena, de un solvente y acerado Fernando Canela, sensacional en seguiriyas, soleares y bulerías.

Lo mejor, pese a todo y como es habitual y obligado, vino después con la inevitable fiesta flamenca, donde se encontraron y lucieron representantes de esas dos casas señeras del campo de Gibraltar que son la Casa de los Canela de San Roque y la Casa de los Pañeros de Algeciras.

Al día siguiente, el sábado por la mañana, el grupo, con el amparo de Ricardo Sánchez, alcalde de este municipio y de Antonio Cruz Madroñal, sobrino del artista y depositario de su legado, recorrió las calles de Mairena del Alcor en una búsqueda de las raíces del cante de don Antonio. Se trataba de evocar aquellos cantes y aquellos cantaores que constituyeron las fuentes primeras en las que bebió y se inspiró el maestro: los tangos de Faíco, las seguiriyas de Manuel Tore, las soleares de Joaquín el de la Paula, los Romances de Diego el de Brenes, las seguiriyas del Nitri y las saetas de Mairena, Jerez y Sevilla.

Y ello, partiendo del Monumento al Cante Grande y pasando por la Alameda, por la casa donde estuvo la fragua de los Mairena, por la Casa del Arte Flamenco "Antonio Mairena", por el Castillo de Mairena, por la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y por la Casa de la Cultura, para desembocar en el Cementerio ante el Mausoleo donde reposan sus restos.

En cada uno de estos lugares, la palabra, el cante y el toque fueron subrayando y desvelándonos las claves del aprendizaje de quien, con el tiempo, se convertiría, por muchas razones, en el mejor cantaor de la historia (dicho sea con todo respeto y admiración a esos otros grandes cantaores sin los cuales no se podría entender este arte: Caracol, los Pavones, el Torre, el de la Paula, el Fillo, Silverio, el Nitri, Marchena, Chacón, etc.). 

Y es que la cuestión primordial -en mi opinión. no estriba sólo en cantar bien o muy bien sino también en vivir por y para el flamenco, en dignificar una profesión, en tener capacidad para recibir un legado y ser capaz de transmitirlo, engrandecido y aumentado, en poseer visión de futuro y, sobre todo, en concebir el flamenco como lo que es, arte y cultura, con el mismo nivel y categoría que cualquier otra manifestación cultural de altura.

Pues, en efecto, el flamenco es arte mayor, un arte de enorme complejidad y calado, tal y como nos enseñó el maestro de los Alcores, don Antonio Mairena.

(Continuará...)